La constitución, desarrollo y crecimiento de tantas y tantas nuevas empresas digitales está transfigurando el mundo empresarial, aunque no todos los cambios que están impeliendo son fácilmente identificables. Algunos efectos son claros: hoy cuatro de las cinco empresas más valiosas del mundo que empezaron como start-ups y muchos de los elementos que han cambiado nuestra vida en la última generación, incluyendo navegadores, WhatsApp y Amazon, provienen de start-ups.

Pero las start-ups están cambiando más cosas. Por ejemplo, las nuevas empresas están informalizando viejos estándares empresariales. En el pasado, la alta profesionalidad, la ambición y la afluencia financiera iban acompañadas de trajes y camisas sin bolsillos. Ya no: los emprendedores gestionan sus empresas con despiadada diligencia y van a restaurantes caros vestidos con chanclas y pantalones cortos. Bienvenidos sean estos cambios si ayudan a priorizar los asuntos de mayor substancia.

javascript:false Las start-ups también están propulsando al teletrabajo. Si bien es la covid la que ha implantado el teletrabajo de forma masiva, son las start-ups , con su flexibilidad y su obsesión por los resultados, las que se han adaptado más efectivamente al teletrabajo, forzando al resto de las compañías a seguirlas en ese camino o perder talento.

El impacto también ha cambiado la forma de innovar de las grandes compañías del mundo. Hay algunas innovaciones que requieren de la flexibilidad que dan equipos más pequeños y accionistas acostumbrados a competir en deportes de alto riesgo. Otras ­innovaciones necesitan una singularidad intelectual que no surge de estructuras ya establecidas. Todo esto es muy difícil que ocurra en algunos ámbitos de las grandes empresas, con lo que las grandes compañías a menudo innovan adquiriendo start-ups innovadoras. Teniendo en cuenta que todas las sociedades más prósperas tienen grandes compañías competitivas y que esto además alimenta y financia al ecosistema emprendedor, se puede decir que es un fenómeno positivo.

Quizás la transformación más relevante que han ejercido las start-ups ha sido en nuestro córtex cerebral: han ayudado a percibir cómo el éxito financiero y laboral va asociado al riesgo, a la dedicación obsesiva al trabajo, al talento y a la formación. Han enseñado cómo la serendipia es esencial, cómo la ambición y la profesionalidad son necesarias y cómo cuestionar realidades sin dogmatismo puede cambiar el entorno. Todo esto es meritorio, ya lo dijo Keynes: “La dificultad no es crear nuevas ideas, es escapar de las antiguas”.

Las start-ups , pues, están ayudando a limpiar el casco de nuestro barco. Pero no todo es fuego purificador. Se tiende a esconder el fracaso, se ignora la esencialidad de la fortuna en todo logro empresarial, se ignora demasiado a menudo lo que no ha funcionado y se exagera notablemente el poder de la meritocracia en sociedades en que los puntos de partida son muy dispares.

Napoleón supuestamente dijo despectivamente que los ingleses “son una nación de propietarios de tiendas”. La historia quiso que fuesen esos mismos tenderos los que le derrotaron en Waterloo. Es de suponer que el gran general no captó hasta qué punto los propietarios y las pymes ayudan en el desarrollo de una sociedad. Se podría decir que las start-ups de hoy no lo curan todo, pero que son un nuevo tipo de propietarios que pueden tener un impacto positivo tan grande como el de los tenderos británicos, que, recordemos, además propiciaron la revolución industrial.

Articulo escrito en la Vanguardia: https://www.lavanguardia.com/opinion/20210929/7754235/start-ups-fuego-purificador.html

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