Una de las principales enseñanzas que nos ofrece la teoría financiera es que cuanto más riesgo tenga una inversión, más retorno debe ofrecer. Es lógico, todos menos los más nefelibatas son conscientes de que en la vida no hay nada gratis: si he de asumir la posibilidad de perder mucho, querré tener la posibilidad de ganar mucho. Esto siempre ha sido así. Cuando los portugueses del siglo XV surcaban el Índico con sus carabelas, corrían un altísimo riesgo y lo podían perder todo, hasta las vidas, pero si regresaban, sus retornos eran fabulosos. Por el contrario, aquellos mercaderes que decidían comerciar dentro de la Península corrían riesgos menos extremos, pero recibían también retornos más modestos. La existencia de una relación íntima, casi matrimonial, entre riesgo y retorno tiene unas consecuencias vastas, no solo en el mundo financiero, también en el empresarial, político, personal y tecnológico. ¿El articulista exagera? Veamos.

En muchas organizaciones los directivos suelen llevar un contador de equivocaciones que todos pueden ver. Este equivoquetrómetro luminoso determina la duración o el desarrollo profesional en la empresa o gobierno. Los errores, recordemos, pueden tener forma de pérdidas, retrasos, incertidumbre o contienda. En estas organizaciones, uno va al muladar si el contador de errores sube demasiado. Esto explica por qué algunos dirigentes son, en la práctica, cervatillos asustadizos.

El problema de esto es, claro está, que se juzga por los errores, no por los éxitos. Esto en muchos casos es un problema, recordemos que un buen cazador es el que caza muchas piezas, no el que falla pocos disparos. Con esto a menudo se evita empujar los asuntos más lucrativos por miedo a los errores. Esto puede ser bueno o malo en función de la importancia y probabilidad de los errores y de los aciertos.

A nivel personal pasa lo mismo, si uno no asume riesgos, las vacaciones serán más tipo franquicia, las amistades más vegetarianas y la vida laboral más convencional. Esto es bueno si uno busca calma y malo si quiere vivir en una canción de Joaquín Sabina.

En el mundo de la tecnología se ha de entender que el retorno está casado con el riesgo

Tecnológicamente pasa lo mismo: para progresar hay que tomar decisiones importantes con poca información, dar codazos a los incumbentes y saber que todo puede acabar en la nada después de años de duro esfuerzo. Hay que asumir un alto riesgo. Si sale bien, el resultado puede ser transformacional financiera y vitalmente. Por eso los mejores inversores de capital riesgo típicamente solo aciertan en una de cada diez inversiones y es la inversión exitosa la que financia los beneficios. También hay que tener en cuenta que para gestionar el alto riesgo hay que tener temple, saber muy bien lo que se hace, entender que se ha de medir el proceso, no el resultado, entender el riesgo que se asume y confiar en los profesionales. Para esto último hay que tener a gente competente, ética y alinear bien los intereses de todos.

Esta es seguramente una de las grandes diferencias entre nosotros y la start-up nation por excelencia, Israel: nuestra relación con el riesgo empresarial. Simplificando, se puede decir que en términos de riesgo tendemos más a desconfiar de las personas, a evitar lo incierto y a temer los errores, no los métodos equivocados. Se dice que hay tres reglas para escribir una novela de éxito, pero que el problema es que nadie sabe cuáles son. Por suerte sí conocemos una de las reglas para tener éxito en el mundo de la tecnología: entender que el retorno está casado con el riesgo.

 

Artículo escrito por Marc Murtra en La Vanguardia: La clave está en ese matrimonio, por Marc Murtra (lavanguardia.com)